miércoles, 7 de enero de 2009

Una exposición del yo

No me gustan las cronologías. A los ocho años me dieron mi primer beso jugando a las escondidas. A los 27 le dije a mi hija de ocho, por chat, que la quería, me contestó llo tamvien. La primera escena de sexo la tuve en un departamento vacío. El primer contacto con un libro fue cuando me dieron el primer beso, eran los cuentos de terror de Elsa Borneman. El último libro que leí fue Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, el próximo alguno de Nick Hornby.
El 18 de febrero de 1992 cumplí once años y fue el día que tuve el primer contacto con la muerte: mi perro se ahogó en el baúl del auto de mi papá. El perro de mi hija hace unos días comió marihuana y alucinó durante tres horas, después durmió ocho seguidas sin moverse.
Cuando terminé el colegio secundario, bachillerato con orientación en “letras”, me anoté en periodismo y quedé embarazada. La carrera la elegí pensando que reunía todo lo que me gustaba aprender y con los años descubrí que quería aprender mucho más que eso y que todo lo que me gustaba no estaba en la carrera de periodismo. Empecé a escribir crónicas tres años después de que rendí la última materia. Ayer ordené los libros de la biblioteca y conté unos trecientos: no los leí todos, tampoco están todos los que leí.
Cuando era chiquita me gustaba hacer deportes, sobre todo jugar al futbol con los chicos del barrio, andar en bicicleta, jugar carreras con zapatillas nuevas que te hacían ser más rápido y quería ser profesora de educación física. Desde los 14 fumo Marlboro, y si no hay, Philips Morris o Camel. Me gusta ver fútbol.
Hace cuatro años trabajo en una editorial donde corregí, edité, escribí, redacté las notas de la WEB, hice entrevistas, dí entrevistas. No soy autora de ningún libro. No me gusta la televisión, la radio me da lo mismo, el diario lo leo los domingos.
Desde el jardín de infantes me aburrieron las señoritas, las maestras y los profesores. Hace cinco años doy clases en la facultad.
De las distintas épocas recuerdo más los olores que la música. No tengo marido, ya tuve uno, no creo en el amor para toda la vida, tampoco creo que las cosas que nos gustan sean para siempre, hoy me gusta escribir, creo que en un tiempo me va a gustar otra cosa, ser secretaria y atender los teléfonos sin pensar, pasar los productos de un supermercado por una caja y que haga pip, pip para cobrarlos o estudiar física o fisiología clínica. Cuando tenía 16 años volví de un viaje a Europa y me puse a pintar cuadros y pensaba que escribir era solo para los grandes escritores.
Lo último que hice fue un taller con Sonia García. Leyó mis crónicas y mis cuentos y me dijo: “todo muy lindo… pero tenés que sacarte el corsét, tu escritura es muy estructurada, muy prolijita”, entendí que prácticamente aburre, entonces me recomendó Aura de Carlos Fuentes, ahora hay esto.

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